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EL LITIGIO HISTÓRICO DE ABLA Y FIÑANA

Legajo del pleito de Abla y Fiñana
Tras la Reconquista Abla y Abrucena quedan constituidas administrativamente como “poblaciones” sujetas a la jurisdicción de la villa de realengo de Fiñana, quedando investido el alcalde mayor de Fiñana con facultades jurisdiccionales en materia civil y penal sobre la población abulense.
Ello conllevará que los sucesivos alcaldes de Abla promuevan varios pleitos ante la Real Chancillería de Granada solicitando en vano la exención de la jurisdicción de Fiñana. Consta documentalmente que por Decreto de 13 Octubre de 1694 la Real Cámara deniega a Abla la solicitud de exención de la jurisdicción del Alcalde Mayor de Fiñana y también del Corregidor de Guadix.
En 1799 los alcaldes ordinarios de Abla Felipe Maqueda y Juan Lao interponen nuevo pleito para eximirse de la jurisdicción de la villa de Fiñana, litigio que prosigue entrado el siglo XIX. Finalmente en 1833 con la nueva concepción administrativa provincial se pondrá fin a un litigio de casi cuatro siglos de tensiones.
LA CONTRARREFORMA EN EL OBISPADO DE GUADIX

Portada del libro
La nueva publicación titulada “El paradigma contrarreformista de la diócesis de Guadix (Siglos XVI-XVIII)” del autor Carlos Javier Garrido García, ofrece una exposición analítica de los elementos que van a configurar el modelo de Contrarreforma en el obispado accitano a lo largo de las citadas centurias.
El mencionado paradigma contrarreformista está basado en la recuperación de los mártires de la época califal y también de la antigüedad, caso de S. Torcuato de Guadix y los Santos Mártires de Abla, tendiendo en cuenta que en los citados siglos la parroquia abulense pertenecía al citado obispado. La finalidad pretendida en este caso es la ligazón de la Iglesia accitana a los orígenes martiriales de la Iglesia española.
El citado libro recoge las actas de la comisión enviada en 1629 a Abla por el obispo de Guadix fray Juan de Araoz para investigar cualquier indicio o vestigio acreditativo del martirio acaecido en época del emperador romano Diocleciano. La importancia de la publicación para la historia de Abla es que saca a la luz una información hasta ahora desconocida que permite completar un vacío histórico en esta localidad almeriense.
EL APEO DE ABLA (1571)

Libro de Apeo de Abla (1571)
Tras la sofocación de la rebelión morisca en 1570, el doctor Juan de Salazar es nombrado el 10.12.1571 juez de la comisión para hacer el apeo de los bienes de los moriscos alzados en Abla. Una vez llegado a la población con el auxilio de los seises Juan de Robles, Juan de Zamudio, Hernando de Santiestevan, Juan Díaz de Quijano, Rodrigo Sojaila Alamin y Francisco Almaja, se procede al apeo y toma de posesión de los bienes confiscados a los moriscos en nombre del S. M. el rey el día 18 de Diciembre de 1571.
Con la llegada de los nuevos pobladores castellanos al lugar de Abla, se procede a repartíseles 103 suertes, de las haciendas y bienes confiscados a los moriscos rebelados, que compraron a la parte a la Real Hacienda. También se procede al deslindamiento y amojonamiento del lugar de Abla, concediéndosele Término propio y el título de Real Población con la obligación de pagar sus vecinos, salvo excepciones de nobleza e Iglesia, a la Real Hacienda un censo perpetuo de 1.200 ducados anuales.
LA REBELIÓN MORISCA EN ABLA (1568)

Manuscrito. Guerreros moriscos
El sínodo de Guadix de 1554 fue el principal factor que desencadenó la sublevación morisca de 1568 bajo el reinado de Felipe II, además de otros factores económicos y fiscales, que contribuyeron al levantamiento en la jurisdicción accitana. Abla se alzó en el tercer día de Navidad, alentada por una cuadrilla de monfíes rebelados procedentes de Ohanes, enviados expresamente por el capitán de este partido El Gorrí.
Cuentan las crónicas cómo los sublevados profanaron la Iglesia degollando un cerdo sobre el Altar Mayor y destrozaron altares y retablos. También se quemó el archivo parroquial y fue derribada la campana de la torre-campanario. Al día siguiente los hombres marcharon a Fiñana con el propósito de tomar la fortaleza mientras sus mujeres, hijos y ganados se encaminaron a La Alpujarra.
La rebelión fue sofocada en la campaña militar llevada a cabo por el marqués de Los Vélez a finales de Noviembre de 1569, que obtiene la pacificación del lugar de Abla, nombrándose como garante del orden restablecido a don Francisco Barradas.
DESCRIPCIÓN DE ABLA EN 1571

Portada. Libro Apeo Abla (1571)
Tras la sofocación de la rebelión de las Alpujarras (1568-1570) en el reinado de Felipe II, el estado que se encontraba Abla aparece recogido en el Libro de Apeo de 1571, que recoge una descripción de la población de entonces:
“... primeramente bimos al dicho lugar de Abla que esta asentado en una cañada a la cara del sol y tiene una azequia que biene por el lugar a un lado del tiene ensima del pueblo una fortaleza caida ... y que de la azequia se sube al pueblo y tiene una iglesia esta de un querpo y sana... tiene una puerta y tiene una torre sin campanas y que tenia doscientos moriscos menos seis y que tenian otras tantas casas y que abia quinse casas de cristianos biejos y que tenian quinse casas y que quedaban ciento y setenta nueve casas de moriscos y que de ellas abía abitables cien casas de moriscos y las demas estan la mayor parte de ellas con facilidad se pueden reparar”. (Libro Apeo Abla, ff. 11 v y 12).
Se indica en el texto que el pueblo se ubica en una ladera montañosa, en cuya cima se hallaba una fortaleza ruinosa y a su pie discurría una acequia (bajo la actual calle Baja). La iglesia era de un cuerpo (más pequeña) con una puerta y una torre sin campanas (derribadas por los moriscos). También se indica un censo de la población y de las casas con antelación a la rebelión de 1568.
HALLAZGO DE UNA MONEDA PÚNICA EN ABLA

Anverso de la moneda púnica
Ha aparecido en Abla casualmente una curiosa moneda encontrada por un vecino. Puesto en contacto con la Universidad de Granada, el Departamento de Historia Antigua (sección de Numismática) la ha identificado como una moneda púnica, acuñada en la ceca de Gadir (Cádiz).
La lectura facilitada es la siguiente: En el anverso muestra cabeza de Melqart-Hércules con piel de león.En el reverso aparecen dos atunes a izquierda. Sólo se aprecia parcialmente la parte de la leyenda en caracteres púnicos que va debajo de los atunes y restos de la que va encima. La medida diametral es 2,6 cm y su grosor aproximado es de 0,25 cm. La cronología de esta moneda es muy difícil de precisar con exactitud y los distintos autores las sitúan desde finales del siglo III a.C. hasta finales del siglo I a.C.
Su importancia viene a confirmar la existencia de la colonia púnica ALBTHA (Abla) junto a cuatro monedas identificadas con la ceca púnica de Abla. Los investigadores señalan que la citada colonia experimentó un desarrollo comercial en la minería y la metalurgia, según se desprende de la lectura numismática, hacia los siglos II-I (a.C.).
LOS BIENES HABICES DE LA IGLESIA DE ABLA (s. XVI)

Portada de la revista
La revista Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam) de la Universidad de Granada, publicó en su Volumen 46 del año 1997 una separata que tiene por título “El apeo de los habices de la Iglesia Parroquial de Abla (Almería) de 1550. Edición y estudio” del profesor Carlos Javier Garrido García.
Se trata de los bienes inmuebles, de naturaleza rústica o urbana, pertenecientes a la mezquita local, que fueron donados por los fieles musulmanes obedeciendo distintas causas. Tras la Reconquista y las conversiones generales de 1500-1502 pasan por merced de los Reyes Católicos a la Iglesia Parroquial de Abla y aparecen recogidos en el Apeo realizado en 1550.
Este estudio permite cubrir la laguna de la etapa morisca en la localidad y como indica el autor nos permite conocer la cantidad, calidad y aprovechamiento de estos bienes habices, así como la vida socio-económica de la villa, formada por una población de mayoría morisca y de cristianos viejos, que ostentaban los órganos de poder.
PLANO DE LA VILLA DE ABLA (1752)

Plano de la villa de Abla (1752)
Archivo Histórico Provincial de Almería
En el Libro de Respuestas Particulares del Catastro de Ensenada de Abla (1752), conservado en el Archivo Histórico Provincial de Almería, figura un plano de la villa de mediados del siglo XVIII.
Si bien, se trata de un plano tosco, resulta de vital importancia su interpretación para conocer la intención del escribano que lo trazó, dado que representó las construcciones más significativas que había en la localidad.
Se observa que aparece representada la Iglesia con su campanario, el concejo, y el castillo almenado (hoy desaparecido). También figuran tres hileras de casas, que hacen referencia a los tres barrios del pueblo: Alto, Enmedio y Bajo, discurriendo por éste último la calle de la Acequia, actual calle Baja, que antiguamente se encontraba descubierta y tenía unas travesías de paso para franquearla. Este antiguo trazado urbanístico de Abla, con ligeras novedades, todavía pervive en el siglo XXI.
EL LIBRO DE POBLACIÓN DE ABLA. AÑO 1752

Libro de Población de Abla. Catastro de Ensenada (1752)
A mediados del siglo XVIII Abla pertenecía al partido de Guadix. Su Término comprendía entonces el actual municipio de Las Tres Villas y colindaba con Baza, Canjáyar-Ohanes, Abrucena y Alboloduy. El municipio tenía de largo 3 leguas y media, de ancho 1 legua y tres cuartos y su perímetro era de 7 leguas.
El pueblo tenía 316 casas y la población la componía 361 vecinos con 1.622 habitantes. El sector servicios comprendía: cuatro tabernas, tres puestos de aguardiente, un mesón, una tienda de especería, dos almazaras y seis molinos harineros. En los oficios aparecen registrados 320 labradores y jornaleros, un médico, un boticario, un sangrador-barbero, un escribano, dos albañiles y dos herreros.
Los habitantes se dedicaban principalmente a la agricultura y ganadería. Se cultivaban 1.585 fanegas de regadío, 1.284 fanegas de secano, 90 fanegas de viña, 4.114 olivos, 3.975 morales y 3.298 frutales. En ganadería aparecen registradas 380 cabezas de ganado vacuno, 2.307 de cabrío, 382 de ovino, 593 de cerda, 14 de caballar, 11 de mular y 279 de asnal. También se contabilizan 108 colmenas.
UNA INSCRIPCIÓN ROMANA DE ABLA EN MÁLAGA

Pedestal romano originario de Abla en Málaga En Málaga se encuentra una inscripción romana originaria de Alba (Abla, Almería). Concretamente, la pieza epigráfica se encuentra en el Centro Asistencial San Juan de Dios, delante de la fachada principal del palacio Heredia. En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid se conserva una réplica de escayola. Esta inscripción honoraria, fue llevada a la cercana villa de Fiñana hacia el siglo XVI, con motivo de unas obras de reparación del castillo, siendo colocada como basa del arco de la puerta de entrada, motivo por el que algunos estudiosos la han asignado erróneamente a Fiñana, por el mero hecho de ubicarse en esta vecina localidad. Posteriormente, en 1871 fue trasladada a la hacienda S. José en la ciudad de Málaga, quedando incorporada a la colección arqueológica de D. Tomás Heredia. El estado de conservación es deficiente debido al deterioro padecido. El bloque labrado en piedra caliza, presenta unas medidas de 88’5 cm de altura, 63 cm anchura y un fondo de 56,5 cm. El texto epigráfico encerrado en un marco sencillo aparece distribuido en diez líneas con letras capitales cuadradas. La inscripción data del siglo II y figura catalogada en el Corpus Inscriptionum Latinarum II, de Aemilus Hübner (1869) con el número 3399, cuya lectura transcrita es la siguiente: CAES L · AVRELIO / VERO · AVG · AR / MEN · PART · MAX / MED · P ·M.TR ·P ·V / COS · III / L · ALFENVS · AVI / TIANVS · P · P ·TR / COH · III · VIG / XII VRB / . . . . . . . . . . . . . . / . . . . . . . . . . . . Se trata de un homenaje que Lucio Alfeno Avitiano rinde al emperador Lucio Aurelio Vero, presumiblemente como agradecimiento de los cargos y dignidades alcanzados bajo su mandato. La importancia para Abla de esta inscripción romana es que facilita el nombre de un dignatario local que alcanzó el grado de tribuno de una cohorte urbana en Roma. Este dignatario romano aparece también citado en la desaparecida inscripción del pedestal ubicado en la plaza S. Antón.
LA MILICIA-HERMANDAD DEL RESUCITADO

Juga de bandera
Los antecedentes históricos se remontan al siglo XVI cuando el concejo de la villa, reunido en sesión el día 31 de Agosto de 1572 bajo la presidencia de los alcaldes ordinarios Juan de Çamudio y Hernando de Santistevan, acuerda la creación de la milicia local compuesta por cuatro cuadrillas.
La milicia local era una formación integrada por vecinos armados destinada a la defensa y seguridad de la población. Entre otros cometidos asignados hacía la ronda nocturna partiendo la patrulla del cuerpo de guardia, que estaba ubicado en el pretil de la Iglesia Parroquial. En los siglos XVII y XVIII el concejo mantiene la milicia, constando en 1725 D. José de Estrada y Noguera como capitán de milicias de la villa de Abla.
Esta formación armada, como era usual en la época, se constituyó en Hermandad bajo la advocación del Resucitado, de modo que el Domingo de Resurrección festividad de la milicia tenía lugar el ceremonial religioso-miliciano que nos ha sido transmitido de generación en generación. El documento más antiguo conocido que alude a la Hermandad del Resucitado de Abla data del año 1664.Suprimida la milicia local en el siglo XIX la hermandad religiosa continuó subsistiendo, y siguió conservando internamente su esencia miliciana. Tras varios años desaparecida, "La Cardoncha" ha sido recuperada, gracias al tesón del pueblo que ha cooperado desinteresadamente en rescatar esta tradición ancestral.
I.- EL VÍNCULO ABLA-GRANADA: EL ABLÍ

Torres y muralla de la Alhambra
Durante el emirato Omeya de Córdoba surge en el sureste peninsular hacia la segunda mitad del siglo IX un clima de inestabilidad social, que conlleva al levantamiento de la población hispana mozárabe-muladí contra el invasor árabe. Esta revuelta estaba acaudillada por Umar Ibn Hafsun, que se rebela en el año 880 contra los emires cordobeses y perdura once años después de su muerte acaecida hacia 917.
En esta contienda participó el poeta muladí Abd al-Rahman ben Ahmed (S. IX), conocido con el sobrenombre de "El Ablí", por ser natural de Abla. Como defensor de la causa de Ibn Hafsun, participó en las luchas mantenidas por los sublevados mozárabes-muladíes contra los árabes qaysies que se desarrollaron en la cora de Elvira (Granada).
Sitiados los árabes en "la fortaleza de la Alhambra", el Ablí arrojó sobre los muros unos versos enrollados en una piedra para amedrentar la moral de los sitiados, entablando a continuación un duelo poético con el poeta del bando enemigo Said ibn-Djudí. Finalmente, cuando los árabes obtuvieron una aplastante victoria, el Ablí fue ejecutado en Granada por orden del ahora jefe árabe qaysí Ibn-Djudí.
